PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA OLIVA - DOS HERMANAS
gadgets para blogger
Mostrando entradas con la etiqueta Biblia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biblia. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de noviembre de 2015

Año litúrgico

Hoy, festividad de Cristo Rey, concluye el año litúrgico en la Iglesia Católica y se inicia el nuevo ciclo -ciclo C- con el tiempo de Adviento.
Para conocer cómo se estructuran las lecturas correspondientes a los distintos ciclos litúrgicos puede visitarse este enlace.

Esquema de los tiempos litúrgicos realizado por Fano

domingo, 26 de abril de 2015

Hombre y mujer

Estas dos últimas semanas, el papa Francisco ha dedicado las catequesis de la audiencia general que se celebra los miércoles a explicar los dos primeros capítulos del libro del Génesis.

Recogemos íntegro el contenido de ambas catequesis en estos enlaces: Gén.1 y Gén.2.

Además, destacamos algunas de las afirmaciones que su santidad hace en estos textos.

Gén. 1
Hombre y mujer son imagen y semejanza de Dios.
El ser humano necesita de la reciprocidad entre hombre y mujer.
Para resolver sus problemas de relación, el hombre y la mujer deben hablar más entre ellos, escucharse más, conocerse más, quererse más. Deben tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida.
El vínculo matrimonial y familiar es algo serio, y lo es para todos, no sólo para los creyentes. 
Es necesario, en efecto, que la mujer no sólo sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, una autoridad reconocida, en la sociedad y en la Iglesia.
La comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y la pérdida de la confianza en el Padre celestial genera división y conflicto entre hombre y mujer.

Gén. 2
La mujer no es una «réplica» del hombre; viene directamente del gesto creador de Dios.
Hombre y mujer son de la misma sustancia y son complementarios.
La confianza de Dios en el hombre y en la mujer, a quienes confía la tierra, es generosa, directa y plena. Se fía de ellos.
La desvalorización social de la alianza estable y generativa del hombre y la mujer es ciertamente una pérdida para todos.
El hombre es todo para la mujer y la mujer es toda para el hombre.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Muerte y esperanza

El deseo de vivir eternamente, para siempre, es una aspiración profunda del hombre, como han puesto de manifiesto los filósofos, los escritores, los artistas, los poetas -y de forma especial los enamorados- de todos los tiempos. El hombre está hambriento de eternidad.
Ese afán por eternizarse y por perpetuarse, se manifiesta de diversos modos: en la forma de enfocar los proyectos; en el deseo de sobrevivir y de perdurar, por medio de los hijos; en el afán por influir en la vida de otras personas o de ser reconocido o recordado en el futuro… En todas estas manifestaciones se adivina el afán, genuinamente humano, de eternidad.
Hay muchos hombres que creen en la inmortalidad del alma; hay otros que entienden esa inmortalidad como una reencarnación; y hay otros, en fin, que se empeñan en alcanzar, a pesar del hecho ineludible de la muerte, un bienestar material o un reconocimiento social a toda costa. Es sabido que por ese camino no llegarán a satisfacer plenamente esos afanes, entre otras cosas porque el bienestar y el reconocimiento no dependen sólo de la propia voluntad.
En este contexto, el cristiano es profundamente realista: sabe que con la muerte se desvanecerán para siempre todos  los sueños humanos fatuos.
En ese dilema muerte/inmortalidad el cristiano tiene la certeza de que Dios le ha creado haciéndole a su imagen y semejanza (cfr. Gn 1, 27); y sabe que cuando se avecine la prueba suprema, Cristo le confortará, convirtiendo sus angustias de muerte en dolor de corredención. Está convencido de que el mismo Jesús, al que ha servido, imitado y amado en esta tierra, le recibirá en el Cielo, colmándole de gloria y felicidad.
El cristiano sabe además con certeza que, gracias a la inmensa y gozosa verdad de la fe, gracias a Cristo, la muerte, su último enemigo en esta tierra (1 Cor 15, 26),  no será el final de todo: tras ella alcanzará la visión eterna de Dios y la resurrección del cuerpo al final de los tiempos, cuando todas las cosas se cumplan en Cristo.
La vida no acaba aquí: por eso estamos convencidos de que el sacrificio escondido y la entrega generosa de millones de personas a las que nadie conoce tienen un profundo sentido y alcanzarán su justa recompensa en la otra vida: una recompensa que, por la infinita misericordia de Dios, superará cualquier bien al que el hombre pueda aspirar. “Si alguna vez te intranquiliza el pensamiento de nuestra hermana la muerte, porque ¡te ves tan poca cosa!, anímate y considera: ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?” (Cfr. Surco, n. 891).

domingo, 31 de agosto de 2014

Seguir a Cristo

Jesús establece las condiciones para seguirle: negarse a sí mismo y tomar la propia cruz. Para escuchar el evangelio de hoy se necesitan corazones recios, pero desconfiados de sí mismos; acostumbrados a enfrentarse con la dureza de la vida y que no escapan al sufrimiento. No son situaciones especiales, son suficientes las que la vida nos trae durante años y de las que tarde o temprano, nadie escapa: problemas familiares, enfermedades, sacar adelante la familia y el trabajo, soledad, limitaciones psicológicas, vacío y oscuridad durante años en la oración y celebración, apostolado generoso sin frutos… No es fácil ser cristianos adultos, porque Dios también quiere nuestra felicidad, no es un aguafiestas, quiere que tengamos gusto por la vida, el placer, la fiesta. Jesús no buscó el sufrimiento y no quiere que lo busquemos nosotros, pero lo que desea es que no huyamos de nuestra fidelidad al evangelio y el Reino y luchemos por la felicidad de los oprimidos, marginados, excluidos. Jesús no nos invita a sufrir, sino a amar, aunque nos pueda acarrear la persecución de los que viven mejor y con más privilegios.
Son los crucificados los que acaban triunfando, el que pierde la vida el que la encuentra, las paradojas de Jesús, por eso renegar de sí mismo y cargar con la cruz, no es renunciar a la vida feliz, sino aprovecharla mucho mejor, es optar por una felicidad más profunda y amplia para todos, que nace de la experiencia comunitaria y del seguimiento. Y es que en las actuales circunstancias: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?”

Extraído del comentario del padre Julio César Rioja ,cfm, al evangelio de hoy -vigésimo segundo domingo del tiempo ordinario (Mt. 16, 21-27).

domingo, 19 de enero de 2014

El Arca de Noé

Durante este fin de semana, en muchos lugares de nuestra geografía, ha tenido lugar la bendición de animales con motivo de la festividad de San Antón, protector de los animales domésticos.

Este hecho nos invita a recordar cómo aparecen los animales en la Biblia. Ya en el libro del Génesis (1, 20-25) se presentan como obra de Dios durante el cuarto y quinto día de la creación del mundo y vio Dios que estaba bien.

Más adelante, en la narración del diluvio universal (Gén. 6), se nos dice que Noé recoge en su arca a una pareja de cada una de las especies de animales vivientes. Este hecho ha sido plasmado en las pantallas con diferentes versiones: desde películas de animación hasta grandes superproducciones, pasando por series de televisión, entre las múltiples adaptaciones que se han hecho de este episodio bíblico.